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jueves, 4 de enero de 2018

Colaboración familia-escuela en españa: retos y realidades

La relación familia–escuela–comunidad se está convirtiendo en una prioridad de actuación de los sistemas educativos y se observa como una tendencia internacional el incremento progresivo (en cantidad y calidad) de la  participación de la comunidad en los centros educativos (Eurydice, 1997). No se trata sólo de que mejore con ella la calidad y la satisfacción, sino y principalmente que ella es un instrumento para acceder a otros valores como justicia, la solidaridad, la equidad.
El tema de la colaboración, la interrelación y la complementariedad de acciones entre estos tres sectores no es un tema baladí, sino un importante acicate para la toma de conciencia de la necesidad de trabajar juntos y en unos nuevos escenarios para alcanzar un proyecto común de sociedad y de formación de sus ciudadanos.

Fernández y Pérez (1999) defienden que los padres definen la calidad de los centros en torno al grado de presencia de las siguientes características: la existencia de buenos profesores, su disponibilidad para atender a las familias, la información que se les proporciona sobre los alumnos, su control y seguimiento el proyecto educativo del centro, y en menor medida –aunque creciendo exponencialmente en los últimos años– la intervienen factores tales como comedor, actividades extraescolares y transporte escolar.
Ante la imagen de que la mayoría de los padres y madres delegan en la escuela funciones educativas que corresponden a la familia, o de escuelas que no cumplen con lo que demandan los padres, debemos esforzarnos todos por transmitir la idea de la coparticipación, la necesidad de promover la colaboración entre la familia y la escuela, para afrontar juntos los retos educativos que nos plantea el futuro. Y, desde ahí, construir “pactos educativos” locales, a nivel de proyecto de comunidad/centro, que bien podrían constituirse en motor para hacer avanzar y para fortalecer las dimensiones en las que se basa este progreso o la consistencia de los logros alcanzados.
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Son múltiples los trabajos que vienen a demostrar que el diálogo entre padres y profesionales producen una mejor comprensión mutua y de su común propósito de educar y repercute significativamente en el rendimiento de los estudiantes.
En ellos se destaca recurrentemente que la confianza, el apoyo y la comunicación entre ellos permiten y facilitan la coordinación y el que los conflictos cotidianos se encaren y se traten de resolver productivamente. Es obvio, pues, reconocer que la colaboración entre profesionales de la educación y las familias incrementa la efectividad y coherencia de los aprendizajes de los estudiantes.


Domingo Segovia, J., Martos Titos, M. A., & Domingo Martos, L. (2010). Colaboración familia-escuela en España: Retos y realidades. REXE. Revista de Estudios y Experiencias en Educación, 9(18).

Demandas de la escuela a la familia.

Demandas de la escuela a la familia


La escuela formula a la familia una serie de demandas que la mayoría de los profesores desean para su interacción con el alumnado.
1. Los educadores constatan cada día que los niños llegan a la escuela sin el apoyo familiar tradicional que les daba seguridad. Los centros educativos demandan a los padres aspectos como mayor contacto con los profesores, dedicar más tiempo a sus hijos, dialogar con ellos y mayor participación en actividades educativas.

2. La escuela pide a la familia que prepare al niño para su inserción en el ambiente escolar: socializar para la cultura escolar. Se exige a la familia que sea responsable de que el alumno llegue a la escuela en condiciones, tanto materiales como psicológicas, de educabilidad. 
3. Motivar en el empeño por aprender. Es importante que el niño perciba en su familia el interés por el saber. La motivación es un factor determinante en el aprendizaje como ya ha sido estudiado. Las diferencias no radican sólo en el carácter de los individuos, sino también en el modo cómo hayan sido educados en sus familias, de la específica socialización familiar a que hayan estado expuestos (valores, medios económicos, tipos de socialización).
4. Además, los profesores recuerdan a los padres el papel tan importante que tienen en la creación de un clima facilitador del trabajo intelectual.
Es importante fomentar el estudio así como la creación de hábitos de trabajo intelectual. En especial, despertar la responsabilidad.
5. Prestar atención al tiempo de ocio de sus hijos. Se debe ofrecer a cada miembro el modo y los medios para ocupar inteligentemente su ocio, favoreciendo sus inclinaciones y sus gustos. Los padres deben tener disponibilidad de tiempo para interactuar con sus hijos, y sobre todo, a desarrollar capacidades cognitivas, disfrutar de la intimidad, el contacto y el juego.  La incomunicación puede tener graves consecuencias para el niño, como el retraimiento, aislamiento, frialdad de trato o soledad. 
6. Mayor atención al aprendizaje de normas en el ambiente familiar. Acostumbrados a cumplir las normas con “bastante relajación”, los niños se muestran incapaces de ajustarse a un clima de mayor control como es el escolar. Los muchachos, en período de formación, tienen que ir asumiendo responsabilidades graduadas. Está en manos de los padres contener, controlar y poner límites a las presiones de los hijos ya desde pequeños cuando éstas son constantes e injustificadas (labor preventiva). 
7. Atender a la orientación personal y a la educación sexual de los hijos. Ambos aspectos requieren un clima afectivo en la familia. Ser oportunos, evitar evasivas. Cualquier imagen, acontecimiento o noticia puede ser ocasión para un diálogo, una reflexión y una orientación.
8. Educación en valores. El análisis de los valores y actitudes familiares pretende definir qué valores son preferibles en la interacción educativa. Cuando el niño pisa el aula como recinto formativo, gran parte del bagaje cultural de grupo ya ha sido transmitido. La familia debe responsabilizarse del aprendizaje de unos valores, creencias, actitudes y hábitos de conducta, de modo que los individuos se hallen sin criterio propio, frente a la diversidad de información y estilos de conducta que ofrece de continuo el medio social. Muchos desajustes de la sociedad son causados por las enseñanzas de los padres o por su carencia. 
9. Una cuestión importante en estos momentos es la elección vocacional de los jóvenes (Casas, 2002). La primera influencia en la orientación de su futuro personal la reciben de los padres y la comunidad inmediata (entorno residencial), por delante de los amigos, medios de comunicación, profesores, etc. La planificación del futuro profesional es una actividad que exige tener en cuenta las circunstancias que rodean a las personas, tanto ambientales como familiares. Se considera necesario profundizar en aspectos de la dinámica familiar cuya influencia en la elección vocacional pueda ser determinante. 


Modificado de : Torío López, S. (2004). Familia, escuela y sociedad. Aula Abierta, 83 (pp.41-44)

lunes, 18 de diciembre de 2017

La importancia del interés de los padres en los hijos

Para un niño, es de gran relevancia que sus padres muestren interés en sus actividades tanto de la vida diaria como en las escolares. Al mostrarlo, ayudarás a tus hijos con su autoestima y a tener éxito escolar.
Un padre involucrado con sus hijos es un padre con voz, que puede luchar y desempeñar un papel central para batallar por la educación que necesitan y merecen sus pequeños.
Uno de los grandes problemas hoy en día, es que cada vez se toma menos en cuenta el rol de los padres en la vida familiar, asegura Paloma Valladares Ortiz, psicóloga especialista en Educación.

La escuela es muy importante para la educación de los hijos pero que nada se lograría, sin el apoyo e interés de la familia.
"La escuela sí es la principal fuente de educación en el niño sin embargo, para que esto se dé tiene que estar la familia atrás, porque antes de que vaya el niño la escuela el primer contacto que tiene con el exterior es por medio de la familia".
"Si se pierde esta parte, es cuando el niño puede encontrar muchos problemas sobre todo entre los ocho y los diez años, puede empezar a desarrollar conflictos de identificación y  ya no será tan fácil encontrarse a sí mismo, todo esto por la falta de la autoridad de los padres", dijo.
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Por el contrario, la experta explicó que cuando hay un apoyo familiar en la educación del niño, cuando la familia es la primera que promueve la educación, el niño tiene un auto-concepto mucho más fuerte y la fuerza para desenvolverse por sí mismo.
Recalcó, que es muy importante que la familia apoye a sus hijos tanto el ámbito escolar como en sus relaciones sociales.
"Con el apoyo familiar el niño aprende rutinas y lo que tiene que hacer, que está bien y que está mal y también a convivir con los demás, asunto de suma importancia".

Algunas investigaciones en el tema han demostrado que los niños mejoran en la escuela cuando los padres tienen comunicación frecuente con los maestros y además se involucran en las actividades del colegio.

(2010, 4 de mayo). La importancia del interés de los padres en los hijos. Univisión. Recuperado el 18 de Diciembre de 2017, de https://www.univision.com/noticias/educacion-primaria/la-importancia-del-interes-de-los-padres-en-los-hijos

Familia y escuela: dos mundos llamados a trabajar en común

 Ni la escuela es el único contexto de educación ni sus profesores y profesoras los únicos agentes, al menos también la familia y los medios de comunicación desempeñan un importante papel educativo. Ante las nuevas formas de socialización y el poder adquirido por estos otros agentes en la conformación de la educación de los alumnos, la acción educativa se ve obligada a establecer de nuevo su papel formativo, dando un nuevo significado a su acción con nuevos modos. Entre ellos, la colaboración con las familias y la inserción con la comunidad se torna imprescindible.

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 Asumir aisladamente la tarea educativa, ante la falta de vínculos de articulación entre familia, escuela y medios de comunicación, es una fuente de tensiones y desmoralización docente. De ahí la necesidad de actuar paralelamente en estos otros campos, para no hacer recaer en la escuela responsabilidades que también están fuera. Y es que demandar nuevos servicios y tareas educativas a la escuela, para no limitarse a nueva retórica, debiera significar asumir una responsabilidad compartida, con la implicación directa de los padres y de la llamada «comunidad educativa». El ámbito afectivo de la familia es el nivel privilegiado para la primera socialización (criterios, actitudes y valores, claridad y constancia en las normas, autocontrol, sentido de responsabilidad, motivación por el estudio, trabajo y esfuerzo personal, equilibrio emocional, desarrollo social, creciente autonomía, etc.). En los primeros años, la familia es un vehículo mediador en la relación del niño con el entorno, jugando un papel clave que incidirá en el desarrollo personal y social. Pero esta institución integradora está hoy puesta en cuestión. Si antes estaba clara la división de funciones («la escuela enseña, la familia educa») hoy la escuela está acumulando ambas funciones y –en determinados contextos– está obligada a asumir la formación en aspectos de socialización primaria. No obstante, paradójicamente, el mayor tiempo de permanencia en el hogar familiar y el retraso de la edad de emancipación (en un alto porcentaje hasta los 30 años), como nos informan los análisis sociológicos (Elzo, 1999), hacen que la familia continúe desempeñando un papel educativo de primer orden.

Bolívar, A. (2006). Familia y escuela: dos mundos llamados a trabajar en común. Revista de educación, 339(2006), 119-146.