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Dentro de nuestro tema: Familia, sociedad y educación, vamos a centrarnos concretamente a la familia. A continuación vamos a diferen...

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jueves, 4 de enero de 2018

La relación familia-escuela y su repercusión en la autonomía y responsabilidad de los niños

La escuela y la familia son las dos grandes instituciones educativas de las que disponen los niños y niñas para construirse como ciudadanos. Por tal motivo, ni la escuela por una parte ni tampoco la familia, pueden desempeñar dicha función de manera aislada y diferenciada la una de la otra. Como bien expresa Bolívar (2006), la escuela no es el único contexto educativo, sino que la familia y los medios de comunicación desempeñan un importante papel educativo. Por tanto, la escuela por si sola no puede satisfacer las necesidades de formación de los ciudadanos, sino que la organización del sistema educativo, debe contar con la colaboración de los padres y las madres, como agentes primordiales en la educación que son, de los alumnos/as, que ellos deben formar (Ortiz, 2011).

Los centros educativos, fueron creados para favorecer el desarrollo de los niños/as y servir de apoyo y ayuda a las familias en su gran cometido, educar a sus hijos/as (Sosa, 2009). Por ende,  ambos agentes educativos, tienen en común y en sus manos un mismo objetivo, educar y formar a ciudadanos.
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No podemos olvidarnos que familia y escuela son los dos grandes agentes que influyen en el desarrollo de los niños. Por tanto, si ambas no actúan de manera coordinada  en cuanto a una serie de objetivos y expectativas a marcarse, la evolución de los niños y niñas se verá limitada. Y eso se puede fundamentar dirigiendo la mirada hacia ambas realidades, percibiendo la importancia que tanto la escuela como la familia tienen en la vida de las personas.

Como bien hemos expresado en líneas anteriores, es la familia el marco más importante de la vida de los niños y niñas, siendo el contexto de referencia y en donde los pequeños se sienten uno más. Es en el  hogar, donde se despliegan y vivencian las primeras relaciones y vínculos de afecto con otras personas. Es el contexto en el cual se sienten seguros y confiados para desplegar las habilidades y capacidades que van adquiriendo. Y es en la escuela, en la que posteriormente podrán percibir las consecuencias que generan la puesta en práctica de dichas cualidades, puesto que es en este ámbito, donde las posibilidades de socialización se dan en mayor medida y por ende,  se convierte en el entorno más idóneo para poder  ir dando forma a las competencias que vayan adquiriendo.

León Sánchez, B. (2011). La relación familia-escuela y su repercusión en la autonomía y responsabilidad de los niños/as. In XII Congreso Internacional De Teoría De La Educación Por La Universidad De Barcelona (Vol. 1).

Colaboración familia-escuela en españa: retos y realidades

La relación familia–escuela–comunidad se está convirtiendo en una prioridad de actuación de los sistemas educativos y se observa como una tendencia internacional el incremento progresivo (en cantidad y calidad) de la  participación de la comunidad en los centros educativos (Eurydice, 1997). No se trata sólo de que mejore con ella la calidad y la satisfacción, sino y principalmente que ella es un instrumento para acceder a otros valores como justicia, la solidaridad, la equidad.
El tema de la colaboración, la interrelación y la complementariedad de acciones entre estos tres sectores no es un tema baladí, sino un importante acicate para la toma de conciencia de la necesidad de trabajar juntos y en unos nuevos escenarios para alcanzar un proyecto común de sociedad y de formación de sus ciudadanos.

Fernández y Pérez (1999) defienden que los padres definen la calidad de los centros en torno al grado de presencia de las siguientes características: la existencia de buenos profesores, su disponibilidad para atender a las familias, la información que se les proporciona sobre los alumnos, su control y seguimiento el proyecto educativo del centro, y en menor medida –aunque creciendo exponencialmente en los últimos años– la intervienen factores tales como comedor, actividades extraescolares y transporte escolar.
Ante la imagen de que la mayoría de los padres y madres delegan en la escuela funciones educativas que corresponden a la familia, o de escuelas que no cumplen con lo que demandan los padres, debemos esforzarnos todos por transmitir la idea de la coparticipación, la necesidad de promover la colaboración entre la familia y la escuela, para afrontar juntos los retos educativos que nos plantea el futuro. Y, desde ahí, construir “pactos educativos” locales, a nivel de proyecto de comunidad/centro, que bien podrían constituirse en motor para hacer avanzar y para fortalecer las dimensiones en las que se basa este progreso o la consistencia de los logros alcanzados.
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Son múltiples los trabajos que vienen a demostrar que el diálogo entre padres y profesionales producen una mejor comprensión mutua y de su común propósito de educar y repercute significativamente en el rendimiento de los estudiantes.
En ellos se destaca recurrentemente que la confianza, el apoyo y la comunicación entre ellos permiten y facilitan la coordinación y el que los conflictos cotidianos se encaren y se traten de resolver productivamente. Es obvio, pues, reconocer que la colaboración entre profesionales de la educación y las familias incrementa la efectividad y coherencia de los aprendizajes de los estudiantes.


Domingo Segovia, J., Martos Titos, M. A., & Domingo Martos, L. (2010). Colaboración familia-escuela en España: Retos y realidades. REXE. Revista de Estudios y Experiencias en Educación, 9(18).

Maltrato a los niños en la familia: Indicadores

Muchos niños sufren de abandono o negligencia física/cognitiva.
Los Indicadores que pueden aparecer en el niño serían los siguientes:
1. Alimentación: no se le proporciona la alimentación adecuada. Está hambriento.
2. Vestido: vestuario inadecuado al tiempo atmosférico. El niño no va bien protegido del frío.
3. Higiene: constantemente sucio, escasa higiene corporal.
4. Cuidados médicos: problemas físicos o necesidades médicas no atendidas o ausencia de cuidados médicos rutinarias.
5. Supervisión: un niño que pasa largos períodos de tiempo sin la supervisión y vigilancia de un adulto. Se producen repetidos accidentes domésticos claramente debidos a~ negligencia por parte de los padres o cuidadores del niño.
6. Condiciones higiénicas y de seguridad del hogar que son peligrosas para la salud y seguridad del menor.
7. Área educativa: inasistencia injustificada y repetida a la escuela.
8. Estimulación cognitiva: ausencia de estimulación suficiente para la edad, demandas y necesidades del niño/a. El criterio para señalar la existencia de negligencia viene determinado en gran medida por su cronicidad.

El maltrato y el abandono de tipo emocional son las formas de maltrato infantil que presentan mayores dificultades para la delimitación de los comportamientos concretos que los compone de los daños en el niño que se consideran indicadores de sus potenciales consecuencias.
Siguiendo la propuesta de Garbarino (1996) y De Paúl y Arruabarrena (1995b), el maltrato emocional comprendería las siguientes conductas:
1. Rechazo. Implica actos verbales o no verbales de los padres que rechazan o degradan al niño. Incluye:
-Despreciar, degradar y otras formas no físicas de tratamiento hostil o rechazante. .
-Avergonzar y / o ridiculizar al niño por mostrar emociones normales, tales como afecto, dolor o tristeza.
-Escoger siempre a un niño para criticarle y castigarle, para hacer la mayoría de las tareas domésticas o para recibir menos premios.
-Humillación pública.
2. Aterrorizar. Se refiere a situaciones en las que se amenaza al niño, con un castigo extremo o uno vago pero siniestro, con abandonarle o matarle, con el propósito de crear en él un miedo intenso. O colocar al niño o a personas/ objetos a los que el niño quiere, en situaciones evidentemente peligrosas. Incluye:
-Colocar al niño en circunstancias impredecibles o caóticas.
-Colocar al niño en situaciones claramente peligrosas. Establecer hacia él unas expectativas rígidas o no realistas, con la amenaza de pérdida, daño o peligro si esas expectativas no se alcanzan.
-Amenazar o cometer violencia contra el niño.
-Amenazar o cometer violencia contra personas objetos queridos por el niño.
3. Aislamiento. Se refiere a negar permanentemente al niño las oportunidades para satisfacer sus necesidades de interactuar y comunicarse con otros niños o adultos, dentro o fuera del hogar. Incluye: -Confinar al niño o poner limitaciones no razonables sobre su libertad de
movimiento en su entorno.
-Poner limitaciones o restricciones no razonables al niño respecto a las interacciones sociales con otros niños o con adultos en la comunidad.
-Violencia doméstica extrema y/o crónica Se producen de manera permanente situaciones de violencia física y / o verbal intensa entre los padres en presencia del niño.

Arruabarrena, M. I., & De Paul, J. (1996). Maltrato a los niños en la familia: evaluación y tratamiento. Ediciones Pirámide.

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Escuela, familia y sociedad: la ruptura de un consenso.

El profesorado siente que la sociedad hace caer sobre los hombros de la escuela la responsabilidad de dar una respuesta adecuada a todas las tensiones y conflictos que están generando las rápidas transformaciones económicas, sociales, culturales. Se espera de la escuela que resuelva prácticamente todos los problemas que preocupan a nivel social: paro, violencia, degradación del medio ambiente, xenofobia… La escuela se está convirtiendo, sin desearlo, en una especie de “campamento” o “parque temático” de la transmisión de unos valores cuyo brillo social es inversamente proporcional a la distancia que nos aleja del recinto escolar.

La familia ha experimentado cambios sustanciales en su estructura y relaciones que necesariamente habrían de dejarse notar en las relaciones con la institución educativa. Las dificultades entre familia y escuela ocupan gran parte de la preocupación actual de los docentes y se presentan como una de las principales dimensiones del problema. La familia sigue siendo la instancia socializadora más cercana a la institución educativa.

En las relaciones escuela-familia, la opinión unánime de los docentes subraya una actuación y actitudes insuficientes por parte de los progenitores, a los que describen como “desorientados” y “perdidos” ante la labor educativa. Entre las familias hay una tendencia generalizada a adoptar una actitud que podría clasificarse de “clientelar”, y que sitúa la relación con la escuela más en términos de exigencia que de confianza y colaboración. Esa exigencia conlleva la idea más o menos explícita de la escuela como proveedora de servicios y responsable última de ellos.

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El desencuentro entre la escuela y la familia viene marcado igualmente por una ruptura del consenso en la tarea educativa, que para el profesorado tiene sus efectos en varios frentes. En una sociedad individualista y competitiva, donde lo importante son los resultados y el éxito personal, los padres desean que la escuela ponga a sus hijos en el camino del éxito, no del fracaso. La sociedad premia y exige una fuerte preparación, la competitividad y la lucha individual por la supervivencia.
Es cierto que se perciben unas relaciones familiares más democráticas, en las que el diálogo, la tolerancia y el consenso son los valores dominantes y la senda por la que transcurre la vida familiar y las relaciones padres-hijos. Pero, al mismo tiempo, la nueva organización de las familias, la falta de tiempo de cuidado y la crisis de los modelos educativos familiares en un entorno dominado por el relativismo y la fragmentación ética, está teniendo como efecto perverso la impotencia de los padres a la hora de poner límites a sus hijos.

La “debilidad educativa” de la familia se torna en impedimento para el desarrollo equilibrado de los jóvenes y favorece una serie de actitudes que chocan frontalmente con aquellas que se quieren transmitir en la escuela. Esta actitud lleva a los padres a ver en el profesorado no tanto un colaborador sino un “corrector” de su labor como educador. Esto quiebra las bases de la relación y el entendimiento
entre ambas instancias.

UsateguiBasozabal, E., & del Valle Loroño, A. I. (2009). Escuela, familia y sociedad: la ruptura de un consenso. Revista Latinoamericana de Estudios Educativos (México), 39(1-2), pp. 171-192.

Relación familia y escuela: un estudio comparativo en la ruralidad.

La familia y la escuela como agentes de socialización.

La familia es el primer mundo social que encuentra el niño y la niña, y sus miembros el espejo en el que niños y niñas empiezan a verse, por esto, la familia constituye el agente más importante, especialmente durante los primeros años de vida.
A pesar de que los padres no pueden determinar completamente el curso del desarrollo social de sus hijos e hijas, muchas dimensiones de su conducta y personalidad como actitudes, intereses, metas, creencias y prejuicios, se adquieren en el seno familiar.

Si bien la familia es el primer mundo social del niño y la niña en sus primeros años de vida, actualmente la familia ya no desempeña el rol socializador totalizante que le correspondió en otras épocas. Hoy en día otros agentes sociales han asumido muchas de las funciones que antes correspondían a la familia. Uno de estos agentes es la escuela.

La escuela, como institución social encargada de llevar a cabo la educación en forma organizada, apoyada por planes y programas de estudios impartidos en diferentes niveles, tiene distintas funciones, entre las cuales se pueden señalar:
a)
transmitir a las nuevas generaciones conocimientos que han sido adquiridos paulatinamente de generaciones anteriores;
b)
buscar en la educación las aptitudes naturales para desarrollarlas y contribuir de ese modo a la formación de su personalidad;
c)
desarrollar en el educando habilidades y destrezas, pero principalmente inculcarle valores humanos, que de alguna manera orientarán su vida;
d)
despertar, mantener y acrecentar en los integrantes de la comunidad el interés por elevar su nivel cultural.

De este modo, la escuela pretende formar al educando para que realice diferentes papeles en la vida social ya que desarrollará sus aptitudes físicas, morales y mentales. Por lo tanto, ayuda a formar una personalidad bien definida, lo cual contribuirá a que logre una mejor convivencia social.
En la escuela los niños y las niñas aprenden a interactuar con otras personas que no forman parte de sus grupos primarios o grupos vinculados al núcleo familiar. El conocimiento que los niños y niñas adquieren en la escuela no sólo corresponde a las materias contenidas en el currículo oficial, sino también incluye importantes elementos culturales como valores y pautas de conducta que no están explícitas. Muchos de los aprendizajes del niño y la niña en la escuela son el resultado de este currículo paralelo u oculto: aprenden a ser competitivos, a buscar el éxito y a que sus formas de vida, incluyendo las políticas y económicas, son prácticas correctas. También aprenden pautas y conductas sexuales socialmente aprobadas.


Villarroel Rosende, G., & Sánchez Segura, X. (2002). Relación familia y escuela: un estudio comparativo en la ruralidad. Estudios pedagógicos (Valdivia), (28), pp. 123-141.


martes, 19 de diciembre de 2017

Participación de los padres de alumnos de educación primaria en las actividades académicas de sus hijos  

El Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE, 2003), sostiene que para la mejora de la calidad de la educación es indispensable lograr una interacción efectiva entre los padres de familia y los docentes y en general, entre todos los sectores de la sociedad. Este organismo incluye, entre sus indicadores presentes y próximos para evaluar la calidad del sistema educativo, los siguientes aspectos relacionados con la familia: índice de equipamiento básico en el hogar, índice de hacinamiento en los hogares, índice de acceso a medios de comunicación en los hogares, escolaridad de los padres, porcentaje de alumnos cuyos padres tienen expectativas de educación media superior o más, porcentaje de padres que tienen el hábito de la lectura, índice de participación de los padres y porcentaje de padres que participan en reuniones de padres de familia en la escuela.
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Miranda (1995) comenta que la participación de los padres se puede evaluar a través de dos aspectos: uno relativo a la información de los mismos acerca de la escuela y el otro referido a su intervención en las actividades de la misma, y sostiene que la información de los padres sobre lo que acontece en la escuela, les facilita una mayor participación en las actividades escolares de los hijos.

Machen, Wilson y Notar (2005), mostraron que la participación de los padres puede ayudar a mejorar la calidad de los sistemas escolares públicos y que unos padres participativos pueden brindar un mosaico de oportunidades para que sus hijos tengan éxito en su tránsito por la escuela. Según estos autores, en los sistemas educativos de muchos países ha cobrado importancia favorecer la colaboración entre los padres y las escuelas. Por su parte, López y Tedesco (2002), afirman que la familia debe garantizar condiciones económicas que permitan a los niños asistir diariamente a las clases y también debe prepararlos desde su nacimiento para que sean capaces de participar activamente en la escuela y aprender. Dicha preparación, presupone la existencia de una variedad de recursos por parte de la familia, entre los que destacan los recursos económicos, la disponibilidad de tiempo para supervisar el estudio de los hijos, su capacidad para promover la participación de estos en actividades culturales y su capacidad para brindar afecto y estabilidad.
Lo anterior presupone la facultad de la familia para hacer frente a exigencias tanto materiales como no materiales. En primer lugar, implica poder sostener los crecientes gastos asociados a la educación, al mismo tiempo que se prescinde de los ingresos que los niños o adolescentes aportarían en caso de trabajar. En segundo lugar, implica sostener su motivación respecto al estudio, y mantener condiciones de estabilidad en el funcionamiento del hogar.

Valdés Cuervo, Á. A., Martín Pavón, M. J., & Sánchez Escobedo, P. A. (2009). Participación de los padres de alumnos de educación primaria en las actividades académicas de sus hijos. Revista electrónica de investigación educativa, 11(1), 1-17.

Alianza Familia-Escuela

Alianza Familia-Escuela: Percepciones, Creencias, Expectativas y Aspiraciones de Padres y Profesores de Enseñanza General Básica

Pese al notable consenso entre los educadores, los padres y el público en general que establece que la calidad de la educación se beneficia cuando los padres se dedican más a la educación formal de sus hijos (Epstein, 1995), aun no está claro cómo llevarlo a cabo. Hasta ahora la tendencia mostrada por la escuela asume un tipo de familia ideal, de tipo nuclear, con una adecuada dinámica en torno a la cual basa su demanda y exigencias, con ello desconoce que en las funciones de socialización de los hijos a través de la educación, las familias en condiciones de pobreza enfrentan los conflictos de su vida cotidiana con insuficientes recursos cognitivos, materiales y sociales (Rodrigo & Palacios, 1998). En este mismo sentido, los resultados del Informe PNUD 2000 Chile, muestran que particularmente en los sectores de pobreza se manifiesta un deterioro en la confianza de poder acceder a la educación como mecanismo de movilidad social. Rodrigo y Palacios (1998) señalan al respecto, que ante la ausencia de un futuro colectivo, la familia chilena en condiciones de pobreza enfrenta graves dificultades para estructurar sus propias temporalidades, lo cual tiene un impacto adicional sobre su capacidad para estructurar identidades, proyectos y justificar sacrificios. A ello se añade la inadecuación del sistema escolar por falta de recursos y exceso de demanda y, el bajo nivel de escolaridad de los padres que dificulta el apoyo a los hijos y favorece el fracaso y la deserción.

Una alianza efectiva entre familia y escuela implica una conexión entre un clima escolar - la atmósfera social y educacional de la escuela- positivo y el involucramiento de los padres y familiares en el proceso educativo de los niños (Arón & Milicic, 2004), es en otras palabras, la acción de la escuela como facilitadora de la participación de los padres en el proceso educativo.

El éxito escolar está fuertemente vinculado al rol del entorno familiar a través de los estilos y prácticas parentales, como también de las expectativas, creencias y atribuciones que los padres presentan acerca de los hijos en el ámbito académico. La relación padres e hijos tiene una alta incidencia en el rendimiento académico y en la conducta escolar, pudiendo convertirse en un marcador picológico positivo o negativo en el autoconcepto del niño (Alcalay, Flores, Milicic, Portales &Torretti, 2003). 

Los estudios recientes indican también que los alumnos sobresalen más en sus esfuerzos académicos y tienen actitudes más positivas respecto a la escuela, aspiraciones más altas y otros tipos de comportamientos positivos si tienen padres que se preocupan y les alientan a en su educación formal (Epstein, 1995), como también si estos presentan altas expectativas y aspiraciones sobre su desempeño y resultados en lo académico.


Rivera, M., & Milicic, N. (2006). Alianza familia-escuela: percepciones, creencias, expectativas y aspiraciones de padres y profesores de enseñanza general básica. Psykhe (Santiago), 15(1), 119-135.

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La corresponsabilidad entre los miembros de la familia, como factor de conciliación

El concepto de corresponsabilidad familiar hace referencia a los patrones comportamentales e interaccionales que intervienen en el reparto, la distribución y el consenso en torno a los roles y tareas familiares entre los miembros de la familia y comprende las siguientes dimensiones : 

฀ La percepción de un reparto justo, según el cual los diferentes miembros de la familia perciben que la distribución de las tareas se realiza de forma “justa”. Una asignación de tareas suficientemente distribuida que favorezca el desarrollo potencial de los miembros de la familia. Es importante considerar si se cubren todas las tareas necesarias, si las personas que tienen asignada una tarea poseen las destrezas necesarias para llevarlas a cabo, si el reparto es razonable y si los miembros de la familia están satisfechos con la distribución. Se trata así de evitar la sobrecarga de roles sobre determinados miembros de la familia, que generalmente suele ser la mujer. 

฀ La actuación coordinada, es decir, coordinar o establecer de antemano las tareas entre los miembros de la familia. 

฀ La tercera y última dimensión, supone una asunción de responsabilidad compartida, en la que no se trata de asumir simplemente el trabajo que le pertenece a cada uno sino, también asumir que el trabajo familiar pertenece a todos los miembros de la familia. La corresponsabilidad entre los miembros de la familia no implica únicamente la responsabilidad de realizar la tarea sino también de organizarla y controlarla.




Maganto, J. M., Etxeberría, J., & Porcel, A. (2010). La corresponsabilidad entre los miembros de la familia, como factor de conciliación. Educatio Siglo XXI28(1), 69-84.

martes, 12 de diciembre de 2017

La educación en la familia del presente.



La educación familiar, en la actualidad, se transmite preferentemente por vía de ejemplo. En la familia se dan los primeros procesos de enseñanza y aprendizaje, donde se realiza la socialización primaria, se aprenden actitudes, se transmiten valores... que constituirán la arquitectura para su vida personal y social.



Los factores constituyentes de la educación familiar son:

— Amor

— Autoridad

— Autoestima

— Aceptación

— Intensidad en el servicio

— Tiempo para estar junto

La familia, en la actualidad desde la perspectiva educadora, ofrece varios aspectos fundamentales:



1. El “ser” de la familia. La raíz educativa de la familia la situamos en su función humanizadora. Esta dimensión de la familia se visibiliza en una doble vertiente: En su dinamismo personalizador y en su fuerza socializadora. La familia es el ámbito adecuado para la conformación del sujeto humano y la transmisión de valores convertidos en proyectos de vida.



2. El quehacer de la familia. Esta función de la familia se desarrolla al menos en tres actuaciones educativas importantes: La formación de una comunidad de personas; el servicio a la vida y la participación en la sociedad. Las relaciones interpersonales (conyugal, paternidad y maternidad, filiación y fraternidad) incardinan a la persona en la gran familia humana. De ahí, el potenciar todos los recursos educativos para posibilitar esta tarea educadora.



3. Actualidad de la familia.




Constatamos que, al menos en los países occidentales, nos encontramos ante una profunda variación histórica en el modo de entender y vivir la institución familiar. El cambio familiar se expresa en:

a) Los valores que condicionan el universo significativo de la institución familiar. La familia se fundamenta sobre unos valores que la caracterizan institucionalmente.



Navas, J. L. P. (2010). La educación familiar en la familia del pasado, presente y futuro. Educatio Siglo XXI, 28(1), pp. 31-33.




El papel de la familia en la educación

Esta reflexión nos conduce a la dinámica de la formación individual formación social, o lo que conocemos como la individualización – socialización de la persona.
La individualización hace referencia a un estilo de tratar el desenvolvimiento del niño por el que se realiza una constante adaptación a sus peculiaridades individuales, sobre la base del respeto a su proceso de desarrollo personal. No hay dos personas iguales ni dos miembros en el interior de la familia idénticos. La situación familiar que vive cada persona que nace en el seno familiar también es dispar por lo que no se puede sostener: “yo trato a todos igual”, porque ese es el mejor sistema de educarlos sin respetar el ritmo personal de cada uno.

La socialización se refiere a la armónica relación del niño con la sociedad en la que se desenvuelve su existencia, sucede cuando la familia ha sabido comportarse y educar como una verdadera escuela de socialización.



La alteración de estos dos principios educativos lleva consigo una disarmonía familiar, y, en algunas situaciones, la ruptura definitiva de la convivencia del hogar. La familia se pregunta, ¿en qué consiste educar?
Al margen de las diferentes posturas pedagógicas y conceptos asumidos en la reflexión educativa, podemos afirmar sintetizando que educar no es imponer nada a nadie, sino ayudar a ser persona, a formar el carácter y su personalidad para respetar la originalidad, unicidad e irrepetibilidad del ser humano, para posibilitar su desarrollo y su perfeccionamiento. Se trata de un proceso interno personal que nadie puede asumir por otro.
La educación familiar posibilita el desarrollo de las potencialidades humanas.
Para educar y formar el carácter de la personas en el ámbito familiar necesitamos transmitir y vivir unos valores, unas pautas morales, éticas. La educación en valores es una tarea de todos, de aquellos que de un modo u otro interactúan con los educandos.
 



Navas, J. L. P. (2010). La educación familiar en la familia del pasado,presente y futuro. Educatio Siglo XXI, 28(1), p 30.

martes, 21 de noviembre de 2017

Familias largas y estrechas



Como consecuencia de los cambios demográficos, las familias persisten más en el tiempo y cada vez coexisten parientes de más generaciones. La reducción de nacimientos junto con el aumento de la esperanza de vida, están dando lugar a familia más estrechas pero más largas.

En base a los datos demográficos y su evolución en el tiempo, se puede hacer un análisis de la forma de convivencia que se estructuran en redes familiares más amplias.

La forma más sencilla de convivencia es el hogar, siendo la familia cuando hay lazos de parentesco o filiación aunque no se produzca una legalización formal de los mismos.

El concepto de familia es muy amplio y genérico, evoca las relaciones de parentesco y los lazos de afecto y de pertenencia de las personas unidas por consanguinidad. Así que, a veces oímos distintas composiciones haciendo mención a familia. El sentido más habitual es el de red familiar, que se basa en un conjunto de individuos que tienen un origen familiar común, entre los cuales suele haber, al menos en la sociedad española, lazos de afecto y
obligaciones mutuas.

El aumento de la esperanza de vida se debe a los grandes avances en la medicina y farmacología logrando la erradicación de enfermedades que diezmaban la población. En 1900 una mujer podía vivir unos 35 años y tener cinco o seis hijos, mientras que actualmente la esperanza de vida es de unos 80 años y teniendo menos hijos. Ésto explica que las mujeres tengan inquietudes para trabajar fuera del hogar, pues su época reproductiva sólo es una pequeña parte de su vida.


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Las necesidades sociales de las nuevas familias son diferentes a las del pasado. Al haber menos hijos no son precisos tantos medios y tiempo para cuidarlos y educarlos, ahora la prioridad en la formación a diversos niveles de estudios y el empleo; también el incremento de personas mayores con todo lo que implica de necesidades asistenciales, efecto producido en España con una de las tasas de esperanza de vida más altas.

Alberdi, I. (1999). La nueva familia española (Vol. 10). Madrid: Taurus.